E . V . I . L
(ejército videasta latinoamericano)

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Carta al Presidente Chávez- William Ospina- Colombia.

Tuesday, January 29th, 2008

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William Ospina está considerado como uno de los poetas y ensayistas más destacados de las últimas generaciones y sus obras son mapas eruditos de sus amores literarios, acompañados de declaraciones ideológicas sobre la historia y el mundo moderno.

Carta del escritor William Ospina al Presidente Chávez

Lunes 21 de enero de 2008

Señor Presidente: Siempre he pensado que, a diferencia de lo que sostiene el gobierno colombiano, lo que hay en Colombia es un conflicto armado que tiene que ser resuelto por la vía de una negociación política.

Siempre he pensado que, sin borrar por ello los numerosos crímenes
que han cometido y que siguen cometiendo, los guerrilleros tuvieron en sus primeros tiempos una razón política para su insurgencia.

Siempre he creído que el Estado colombiano se equivocó desde el comienzo en el manejo que le ha dado a ese conflicto. El propio gobierno actual, por la voz del Presidente de la República, ha admitido que una de las causas de la existencia de las guerrillas fue la irresponsabilidad del Estado, su falta de decisión para garantizar los derechos de la comunidad, la falta de presencia estatal en muchas regiones del país.

Creo que desde hace muchas décadas la exclusión, la falta de oportunidades, un régimen de privilegios para unos sectores y de desprotección para muchos otros, favorecieron el que en Colombia se apelara a la violencia para dirimir los conflictos de todo tipo.

El gobierno actual ha declarado repetidas veces que está haciendo un esfuerzo serio por corregir todo lo que no supieron enfrentar otros gobiernos durante mucho tiempo, y creo que es verdad que hay un esfuerzo de autoridad, de administración, de justicia. Nadie puede hoy desconocer que en Colombia ha disminuido la violencia, el secuestro, las masacres, y que se siente una presencia más decidida de las fuerzas estatales en el territorio.

Sin embargo, estamos lejos de haber accedido a una democracia como la que verdaderamente necesitamos. Todavía en las regiones el sistema electoral es presa de toda suerte de presiones y de violencias, muchos partidarios del gobierno actual han sido también partidarios del paramilitarismo, que produjo en los últimos veinte años en Colombia un verdadero holocausto, y muchos otros son cómplices de vastos e intrincados fenómenos de corrupción.
Creo por ello que no estamos en condiciones de decir que la nuestra sea una democracia ejemplar, y que no hay motivos para criticarla. Es más, el propio Presidente de la República ha negado con su discurso muchas de las cosas que predica en su ideario político, pues ha sido capaz de acusar de guerrilleros y de bandidos a miembros del Congreso elegidos por la voluntad popular, que no hacen otra cosa que cumplir con su derecho de ejercer la oposición, ateniéndose a las normas constitucionales.

En esas condiciones es justo que haya quien dude todavía de que el Estado colombiano haya sido capaz de reformar sus viejas prácticas excluyentes y corruptas, que incluso apelaron abiertamente a la violencia para perseguir y acallar a la oposición. Nadie ignora que el Frente Nacional, que le dio paz a Colombia por quince años, se la quitó después por treinta, pues fue la incubadora de muchos de los males contemporáneos: estimuló con su clausura de la democracia el crecimiento de fuerzas insurgentes, abrió camino a la corrupción, al volver el Estado el contubernio de un bipartidismo que no se fiscalizaba, y estimuló nuevamente, como en tiempos de la primera violencia, la práctica de la justicia privada, mediante el apoyo a las autodefensas que degeneraron en toda suerte de fenómenos paramilitares.

Hay importantes intelectuales que piensan que en momentos en que un Estado está emprendiendo su transformación hay que ayudarle acallando las críticas y celebrando sólo cada uno de sus avances. Yo creo que ese es un proceso equivocado. Cuando han sido tantos y tan largos los males, la democracia sólo se abre camino si cada ciudadano comprende que los avances democráticos no son graciosas concesiones del Estado a los ciudadanos sino derechos largamente postergados, y es más necesario que nunca señalar los errores para hacer madurar a la comunidad en el conocimiento de sus derechos.

Durante treinta años, desde el comienzo del Frente Nacional, Colombia no hizo más que acumular problemas que nadie resolvía. Las guerrillas de las Farc, del Eln, del Epl, del M-19, el narcotráfico, la corrupción, los paramilitarismos, fueron el balance de esa época de mediana actividad administrativa pero de total ineptitud política para enfrentar los problemas y encontrarles soluciones democráticas.

La primera prioridad de las soluciones políticas es garantizar la mayor tranquilidad ciudadana posible. Aquí en cambio se vio la guerra como el único mecanismo para manejar unos problemas que tenían causas objetivas, que tenían, por decirlo así, una primitiva justificación política.

¿Quién podrá negar hoy que todas esas guerrillas nacían de un Estado excluyente y de una sociedad autoritaria en la que no se acababa de creer en los derechos de los ciudadanos, en que se negaban los derechos de los sindicalistas, los argumentos de los estudiantes, los reclamos de los campesinos, y todo era descalificado torpe y gratuitamente como agitación y como terrorismo?

Por ese camino se empujó a muchos sectores a sucumbir en manos del resentimiento, y se agravó el odio que esos campesinos y esos rebeldes sentían frente al Estado. Más grave aún: década tras década se alimentaron con recelos recíprocos los odios hasta convertir unos conflictos menores en una guerra gigantesca, que no deja de existir por el hecho de que algunos le nieguen ese nombre.

El gobierno colombiano afirma que en los últimos cinco años entre cincuenta y setenta mil guerreros enfrentados a la ley se han desmovilizado. ¿No debería eso hacernos pensar a los colombianos que hemos vivido un conflicto, que de verdad hemos pasado por una crisis muy profunda, y que algunos de los elementos motivadores de esa crisis no han sido removidos todavía?

Ahora bien, en días pasados, y movido, estoy seguro, por su voluntad de ayudar a Colombia a superar sus problemas, usted, señor Presidente, ha afirmado dos cosas sobre las que pienso que es necesario meditar.

Primero, ha declarado que se debe reconocer la existencia del conflicto, e incluso el carácter de ejércitos insurgentes de las Farc y del Eln. Tal vez sea verdad, porque creo que sólo reconociéndolos como adversarios políticos es posible negociar políticamente con ellos. Pero está claro que el primer paso tendrían que darlo las guerrillas mismas, dejando en libertad a todos los secuestrados que mantienen en condiciones infrahumanas, y demostrando que acogen, no como una imposición exterior sino como una convicción íntima, las normas del Derecho Internacional Humanitario.

Su segunda declaración, señor Presidente, es más discutible. Ha dicho usted que las Farc tienen un proyecto político bolivariano que en Venezuela es respetado. Allí me veo en la obligación de disentir. Si usted llama bolivariano a su propio proyecto, me parece que comete un grave error al compararlo con el de las Farc. Porque hasta donde yo lo advierto, el proyecto bolivariano de Venezuela ha sido siempre un proyecto democrático, que no ha ejercido violencia contra el Estado ni contra la sociedad venezolana. Las Farc y el Eln le deben a Colombia demasiados muertos y demasiados secuestrados, demasiados asaltos a las aldeas y demasiada crueldad e insensibilidad, como para que puedan equipararse a un proyecto mucho más respetuoso de la sociedad y de la comunidad como es el proyecto de la República Bolivariana de Venezuela.

Yo ignoro si usted y su movimiento están logrando transformar para bien a la sociedad venezolana; sé que lo han intentado con instrumentos legítimos, apelando a las mayorías, sin atropellos y sin violencia, y eso me merece todo el respeto.

Tal vez si las guerrillas cambiaran sus métodos y sus propósitos podrían aspirar algún día a ser reconocidas como una alternativa política por la sociedad. Pero yo no puedo ver hoy a las guerrillas colombianas como proyectos de civilización. Siento que la lucha de cuatro décadas los ha endurecido, los ha envilecido, y los ha alejado demasiado de la sensibilidad popular. Es más, sus principales víctimas suelen ser los sectores populares.

Si pienso que el conflicto colombiano debe ser resuelto por medio de una negociación política no es porque piense que las Farc son una alternativa de civilización para Colombia. Es porque sé que su derrota militar es improbable, y que Colombia tendría que invertir una parte considerable de su trabajo y de su producción, una parte vital de su riqueza, para combatir por décadas a una guerrilla que no está en condiciones de tomarse el poder pero sí de impedir el progreso de la comunidad, la inversión en educación, en salud, en vías, en modernización, en protección de la naturaleza.

Es más, me atrevo a decir que muchos de los que siguen sosteniendo que la alternativa frente a las guerrillas es la guerra sin cuartel, sin descontar que haya algunos ingenuos que crean en la posibilidad de esa victoria, en realidad son personas y sectores interesados en que el Estado colombiano siga gastando todos sus recursos en una guerra estéril, para que no pueda enfrentar otros males que nos carcomen y nos desgastan, como el narcotráfico, por ejemplo. Para decirlo con todas sus sílabas, pienso que hay quienes se benefician de la guerra, quienes pescan en río revuelto, y son los que más le echan fuego a un conflicto que podría resolverse de otra manera.

El colombiano no es un insoluble conflicto religioso como en Oriente, ni un conflicto cultural como el que vagamente alimenta el terror de ETA, es un conflicto económico y político con un sustrato cultural perfectamente corregible en el marco de una negociación que incluya educación, promoción, integración social y formación en valores ciudadanos. Es más, creo que la negociación es necesaria precisamente porque sé que veinte mil hombres en armas no podrán apoderarse de una nación de cuarenta millones de personas que tienen sus esperanzas puestas en otros proyectos personales y sociales.

Casi cualquier negociación verdaderamente patriótica y pragmática en términos económicos y políticos será menos ruinosa que una guerra interminable.

Por eso pienso que usted no puede confundirse. Usted, señor Presidente, puede mediar para que la negociación política se dé. Pero no creo que le convenga echar sobre los hombros de su movimiento pacífico y democrático todos los crímenes inexplicables de una guerrilla endurecida e insensible. Por ello su discurso debe ser más reflexivo. Esas cadenas con las que los guerrilleros cargan a los secuestrados en las selvas no tiene por qué asumirlas un proyecto como el de la República Bolivariana, que hasta ahora se ha caracterizado por su vocación pacífica y por su espíritu democrático. De una total claridad en ese sentido depende el que usted pueda ayudar de verdad a Colombia a superar su conflicto de casi medio siglo. Reciba un saludo cordial de un colombiano que lo respeta y que lo admira.

NO PUEDO VER HOY A LAS GUERRILLAS COLOMBIANAS COMO PROYECTOS DE CIVILIZACIÓN.

Política, memoria y visualización en la obra de Ernesto Salmerón

Sunday, January 6th, 2008

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Censura en el Palacio NAcional. Managua, Agosto 2006.

Auras de Guerra
Política, memoria y visualización en la obra de Ernesto Salmerón

Wenzel Mraček
(Traducción: Sandra Ziagos, Revisión: Rosa Lorena Pereyra)
Noviembre 2007

Sobre el buque-transporte que trasladó el camión IFA – en cuyo parabrisas se deja leer El Gringo – al Arsenal de Venecia, se podía visualizar claramente el nombre Augusto. En la superficie de carga del camión fue transportado El Muro, un fragmento mural de dos toneladas de peso, extraído de la fachada de una casa colonial de la ciudad nicaragüense de Granada. El aporte de Ernesto Salmerón a la 52a Bienal de Venecia (2007) forma una parte más de su extenso proyecto Auras de Guerra, que había iniciado, ya en 1996 , con obras de fotografía y video, y cuyo desarrollo continúa bajo este mismo título desde el año 2003, en el que Salmerón volvió a Nicaragua después de terminar sus estudios en Colombia.

Adolfo Palma (guia historico) con Junior Perez (conductor y guia nocturno)
Viaje Managua-San Salvador. 2006.

Sobre el referido fragmento mural, El Muro, se encuentra, corroído ya por la acción del tiempo, un grafito del líder guerrillero nicaragüense Augusto César Sandino, al que, en realidad, ya sólo se lo puede identificar por el sombrero típico de ala ancha. Esa imagen fragmentada del líder liberal de la Guerra Civil nicaragüense de los años 1926 y 1927 ya había adquirido carácter de ícono ; pero es con la fundación del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) en el año 1962, con lo que, el personaje histórico de Sandino iba a convertirse en figura de identificación central de la revolución nicaragüense.

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Veterano de Guerra, Rigoberto López Mejía. 2007.


Así resulta que Auras de Guerra, el proyecto para la Bienal, consistía en una instalación que constaba tanto del camión como del pedazo mural con la imagen de un borroso Sandino, es decir, de elementos que mediante la combinación entre sí se convierten en metáfora para las difusas incorporaciones ideológicas del personaje histórico de Sandino – incluso respecto a los conflictos internos y las graves consecuencias políticas en el FSLN – y que Ernesto Salmerón describe del modo siguiente: “Coincidencias son la carne de este proyecto. Nacer, crecer, escapar, regresar – en un lugar aquí y allá. Augusto.”

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“La seguridad del Estado”. Retratos con Telón, 2000.

Además, la instalación en el Arsenal – la antigua base naval de Venecia – fue ampliada por un elemento performativo: Desmovilizado. Dos desmovilizados de la Guerra de los Contras “custodiaban” el camión y al mismo tiempo la icónica imagen de Sandino. El ex-soldado de la contra Don Rigoberto López Pérez y el ex-luchador del lado de los sandinistas Adolfo Palma Castro, simbolizaban con su presencia, en la presentación de las Auras de Guerra de Ernesto Salmerón, la insegura y todavía impredecible situación política y social de Nicaragua. Salmerón había conocido a los ex-soldados que anteriormente habían luchado uno contra el otro en una asociación de veteranos en Managua, en la que se organizaban y todavía se organizan los desmovilizados para llamar la atención pública sobre su situación. En la sociedad de la posguerra nicaragüense, así lo describe Salmerón, esas personas son tratadas como objetos inútiles, que, al estar sin empleo alguno y sin gozar de respaldo o ayuda estatal, quedan totalmente librados al azar. Lo importante dentro del margen del proyecto de Venecia son los destinos personales de estos protagonistas, ya que, según Salmerón, se veían obligados a participar en el conflicto armado por fuerzas que ellos mismos no lograron controlar, un conflicto, cuya causa y efecto no podían explicar.

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“Marchante sin delantal”. 2000.

Don Rigoberto creía que estaba aspirando al cargo de un conserje mientras fue reclutado forzosamente por la guardia civil del régimen de Somoza. Aldolfo Palma Castro, en cambio, participó en varios alzamientos del FSLN en el oeste del país hasta que, por último, perdió su brazo derecho.
Es la fuerza simbólica de la instalación y de la performance, que en la unión connotativa de los objetos, y sus guardias, evocan la memoria y la consciencia hacia la complicada situación, histórica y presente, de Nicaragua. El camión IFA El Gringo, por ejemplo, fue construído en la entonces República Democrática Alemana y llevado a Nicaragua dentro del margen de una acción solidaria durante la guerra de la contra. En él llevaron a los soldados sandinistas a los frentes de combate. Y hoy, en su superficie de carga, llevan la imagen de Augusto Sandino a la Bienal de Venecia. La pintura mural también marca un medio público de comunicación, – particularmente para la expresión de protesta –, del cual se sirve el pueblo en la historia reciente de Latinoamérica y especialmente de Nicaragua. Por tanto, los murales también refieren a un remedio que ya se puede considerar tradicional, o sea, el remedio del posicionamiento de una contra-pública, además de la influencia de los medios por la política.

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“Paraiso Paradise”. 2000.

En un ensayo con el título “La memoria es un campo minado” , sobre las Auras de Guerra de Ernesto Salmerón, la autora Virginia Pérez-Ratton menciona al histórico Victor Hugo Acuña, proveniente de Puerto Rico, quien no sólo en sentido figurado parte del hecho de que la historia – sobre todo la reciente – es comprendible, o sea, manifiesta. Acuña parte del hecho de que la historia se constituye también como una serie de objets trouvés. De tal modo introduce un término en la ciencia histórica, cuyo origen recurre al objeto encontrado de los dadaístas y surrealistas elegido por el artista y a menudo combinado con otros objetos, como por ejemplo en un collage. Siguiendo estas reflexiones, parecen plausibles la manera de trabajar y la estrategia de Ernesto Salmerón, que consisten en elegir los descritos objetos vinculados a la historia, relacionarlos entre sí y, más allá de las investigaciones históricas, presentarlos en una exposición mundial de artes plásticas en particular. Al mismo tiempo, Salmerón construye de esta manera un acto entre la iniciativa histórica, social y política y el vigor artístico que sobrepasa el contexto, correspondiente a una amplificación posterior del concepto de arte y a nuevas estrategias del arte contemporáneo frente al postmoderno.

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“Salvación”. 2000. 

Ernesto Salmerón nació en 1977 en Managua y terminó sus estudios de Comunicación Social en la Facultad de Artes Integradas de la Universidad del Valle en Cali, Colombia. Apoyado por profesores del ámbito de los medios audiovisuales, se concentró en las posibilidades que le ofrecía el documental, aunque él mismo y muchos de sus colegas no querían trabajar como periodistas. De este modo, como relata Salmerón, resultó una situación ideal, en la que uno podía ser científico social y de comunicación y, al mismo tiempo, hacer películas y videos. A ello hay que añadir también la fotografía en blanco y negro, mediante la cual intentó conservar en la memoria lo que estaba a punto de desaparecer. Logró conservar algo de su lejana Nicaragua, de su Nicaragua que se estaba despedazando. Algo de su revolución fracasada. La experiencia más importante en su exposición a los medios audiovisuales hizo Salmerón durante la elaboración de un trabajo de fin de curso dentro del margen de sus estudios, que estaba basada en la fotografía y en grabaciones de audio y video, bajo el título Muchachos de la Prensa. Justo con ese trabajo empezó también a ocuparse del tema de esta revolución perdida en Nicaragua. A continuación, siguió cursos de Video Experimental y de Guión.

Empezó a ir cada vez más a menudo a Nicaragua e inició la realización de una serie tripartita a la que dio el título Post-Post-Post Revideolución en Nicaragua. Durante el trabajo en ella decidió volver a Nicaragua para enfrentarse a la historia y para poder aceptar lo que es su Patria.
Con un grupo de artistas de video, Salmerón fundó E.V.I.L. (Ejército Videasta Latinoamericano / The Latin-American Video Army) con el propósito de producir obras audiovisuales independiente de los estándares y las exigencias de los medios de comunicación de masas, y también con la pretensión de poder experimentar con los tamaños, las técnicas de montaje y los contenidos. E.V.I.L. organizó en el año 2004 el primer workshop de video experimental en Nicaragua, cuyas producciones fueron publicadas en DVD.

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“Poster 25 Aniversario Revolución Popular Sandinista”. 2004. 5 mil ejemplares. 

A partir del año 1997, y en los años siguientes, Ernesto Salmerón, cada 19 de julio, el día de la Revolución, sacaba fotografías en blanco y negro de la gente en las calles de Managua, de las que, a continuación, iba a formarse el proyecto cada vez más amplificado Auras de Guerra. En el principio, no estaba contento con aquellas fotografías, ya que se parecían demasiado a las publicadas en los medios de comunicación masivos. Por tanto, decidió hacer uso de una artimaña y utilizó un telón oscuro, delante del cual pudieron presentarse los hombres como en una escenificación. Con ello, sin embargo, se sirvió conscientemente de un método tradicional dentro de la fotografía de retratos latinoamericana comercial, esto es sacar a gente delante de un telón que parece plisado y fuera de lugar. 16 de las fotografías se pueden ver en la exposición AURAS DE GUERRA: intervenciones dentro del espacio público revolucionario nicaragüense en las galerías Minoriten de la ciudad de Graz.

Esa serie de obras fotográficas sacada en el año 2000 en la antigua Plaza de la Revolución lleva, por lo demás, el título Retratos con Telón. Salmerón había prometido a los retratados entregarles las fotografías el 31 de julio, pero sólo cinco personas llegaron a la cita fijada.
Para el 25o aniversario de la revolución, el 19 de julio de 2004, Ernesto Salmerón había preparado 5000 carteles, de los que, por de pronto, logró colgar 3000 en el área de la nueva catedral de Managua y luego en la Plaza Juan Pablo II. Justo ese día fue publicado un acuerdo entre la iglesia católica y el FSLN bajo el mando de Daniel Ortega; lo que, entre otras cosas, provocó el hecho de que Ernesto Salmerón iba a estar confrontado con enormes obstáculos al momento de repartir los carteles. El cartel estaba impreso por ambos lados. Un lado mostraba la fotografía del año 1996 con el grafito de Sandino, mientras el otro ponía varias fotografías de los hombres sacadas el 19 de julio. La palabra Ex, que Salmerón había puesto en el texto delante de la Plaza de la Revolución, suscitó vivos comentarios. Esa acción fue documentada en un video que también forma parte de la exposición en las galerías Minoriten y que muestra a Salmerón repartiendo los carteles que provocan reacciones muy distintas incluso en los medios de comunicación locales, así como también la aventura de enfrentarse a personas que se sentían atacadas por esta acción.
El 4 de agosto de 2006, esas mismas fotografías – que se exponen ahora en Graz como cooperación del Instituto Afro-Asiático (Afro-Asiatisches Institut) con el Centro de Cultura de los Minoritas (Kulturzentrum bei den Minoriten) – hubieran sido presentadas junto con El Muro de Sandino y otras obras de las Auras de Guerra en una exposición en el Palacio Nacional de Cultura en Managua, pero el Ministerio de Cultura censuró y cerró la exposición. Poco después, Ernesto Salmerón participó con las mismas obras en la V Bienal Centroamericana en El Salvador y obtuvo el primer premio.

Durante su enfrentamiento crítico al presente y la historia de Nicaragua del siglo XX se mostró sobre todo la herramienta del video comparable a un cuaderno de apuntes, en el que él mismo se describe como individuo y, al mismo tiempo, como parte de un entorno socio-cultural . Según Salmerón, el video y la fotografía le facilitan el acceso a la memoria no institucionalizada, y, más importante todavía, de esta forma, puede presentar su propia manera de ver las cosas. Con presentaciones y la continuación, tanto del contenido, como la formal, del proyecto Auras de Guerra, para Ernesto Salmerón, el contexto artístico se convierte en un espacio de comunicación internacional a favor del discurso socio-político dentro y fuera de Nicaragua.

Wenzel Mraček
(Traducción: Sandra Ziagos, Revisión: Rosa Lorena Pereyra)
Noviembre 2007

Memory is a mine field - by Virginia Pérez-Ratton

Wednesday, December 26th, 2007

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Ernesto Salmerón was two years old when the triumphant  “muchachos” entered Managua and thirteen when the Sandinistas lost the elections of  1990. He is a  “cachorro” .

The Auras of War project, of Nicaraguan artist Ernesto Salmerón, was initiated ten years ago, in 1996, while the artist still lived in Colombia and was studying Social Communication. His intention was to document the “Nicaraguan revolutionary public space”, a space situated in the memory of a possible future, an utopia, one for which he had been prepared, in which he was to participate.  However, we could say that the artist ends up assuming the position of a chronicler, recording instead the disappearance of that revolutionary space, witnessing the fading of hope in the wake of  general indifference, although paradoxically continuing to invoke utopia even in the horror of post war.  And so, voluntarily and consciously he surrenders to the traps of memory and the dangers of reminiscence as well as of oblivion. His final return to Nicaragua in 2003 is preceded by several visits on a specific date: the 19th of July.  From these occasions emerges initially a series of portraits realised over several years on that date, the anniversary of the Sandinista revolution. However, these photos are nothing of a celebration: Salmerón considers them as an expression of his own “outrage in front of the present indifference”.  They constitute a powerful essay that would have not been possible without the collaboration and complicity of the participants in the concentration at the plaza – these images are a sad metaphor of lost solidarity.

Salmerón’s first videos, of the series “29 Documents about the Revideolution in Nicaragua”, appear around 2002, and he founds E.V.I.L a bit later, the Latin American Video Army”, an independent video production project, organising workshops and bombarding through the web.   The Documents 1/29, 2/29 and 3/29 were produced using newsreel and visual archive material of the recent Nicaraguan history, inserting references and cuts in an apparently arbitrary way, to hinder its understanding, as an analogy to the misinformation effect around the pre- and most of all the post – revolutionary process.

The memory of the Sandinista revolution is sifted through a series of political sieves, both temporal and contextual ones; it is the incomplete reminiscence of an aborted process, and a life situation that ends by destabilising the very existence of the artist as a “puppy of the revolution” – Salmerón was brought up to defend it but never got to apprehend it. In a way this work also questions and reasserts at the same time his national belonging as a “son of Sandino”.  But of which Sandino? Just as Simón Bolívar, José Martí, Garibaldi and most of the historical figures that fought for a particular idea in specific circumstances in time and space, the figure of Sandino has been trampled and manipulated by posterity, and, as with others, been attributed ideologies and vocations according to political intentions of the moment, but that were rarely part of the original struggles. Where is Sandino?  Is it the trace, the  peeling image in “The Wall” that Ernesto Salmerón has taken to Venice?

In the beginning of “Tiempo Pasado” , an essay by Argentine scholar Beatriz Sarlo, the author cites Susan Sontag, in relation to memory and tought, when the latter insists on importance of understanding in the face of only remembering, while at the same time, in order to understand it is necessary to remember.   Sarlo’s approach to the topic seems to put forth the notion that memory is not intangible, and  as a response to this quite transgressing idea, the Costa Rican historian Victor Hugo Acuña noted that the past would be constituted then by a series of “objets trouvés”…  would these be those that support, that assert memory and make it tangible?  I am taken by this when approaching the project of “Sandino’s Wall”, that is, the recuperation of a fragment of adobe wall with a graffiti from the 80’s, and its following itinerance from Granada, Nicaragua to Managua, then to El Salvador, and now to the Arsenale in Venice. When preparing the loan form for the 2007 biennale, the artist asked himself what kind of work he was presenting: an installation, an action, a happening, social sculpture? Following Acuña’s idea, it would seem that this piece could be defined rather as a succession of found objects – the graffiti on the wall, the extracted  adobe fragment, the IFA military truck, part of a donation of the German Democratic Republic to Nicaragua during the same period, now recycled as a commercial vehicle, and finally “The Wall” in the back of the truck, showing a blurred graffiti of  Sandino that crumbles irremissibly in time, guarded by two demobilised, mutilated ex-militia members, a former Contra and a Sandinista soldier: this “macro-objet trouvé composé” becomes then a kind of tragic military funeral caravan for Sandino, betrayed once again by his own people.  And as the found object assumes a specific meaning by the very fact of entering the space of art, so this caravan awakens the memory of a people, and maybe through an analogy with the impossible, in a country immersed in pre-modernity, it confers “life to the hope of a positive collective thinking, a thought that (the artist) would like to see transcend the “national” to touch a larger sympathy base, the human one”
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What is Salmerón aiming at with this piece?  The artist remains painfully aware of the impossibility of changing history, which will continue its course with or without him.  Although this piece functions by itself as a desire to recuperate the utopia of survival, and through the presence of two guards, formerly set against each other around 25 years ago, would seem to propose an encounter  of opponents, it also dramatically puts forth the consequences of wars and military conflicts, which inevitably cause misery and abandonment of the dispossessed, whether they belong to the winners or the losers.  However, instead of considering common misery as the sole meeting space, this is a tangible testimony that reaffirms the capacity of a more recent memory.  Attached to the complex Nicaraguan context, it transforms itself into a work of art within the very process the artist has lived as a document maker of personal experiences in front of the paradox, the absurd, the demobilised ones and the tensions between them, and is an austere but compelling register of a hallucinated journey on the central American roads.  Auras of War, an on-going project, is a deep and complex realisation that questions the Manichean interpretation of a unending historical process, and a first step in the re-building of a fragmented memory, an open proposal that takes the risk of  incompletion, that assumes its many silences, its many absences, its many interrogations.

Virginia Pérez-Ratton, may 2007

Diario abandonado por guerrillera holandesa de las Farc

Monday, September 3rd, 2007

http://www.eltiempo.com/justicia/2007-09-03/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3705532.html

“El Muro” por David Ocón

Thursday, August 2nd, 2007

“El Muro”
Para Ernesto Salmerón.

Benito Juárez recorrió los desiertos de Coahuila de frac, zapatos de charol y bombín, custodiando el cofre con los pliegos de la Constitución. Me fui al fondo a orinar contra el muro, cuando me sacudía la polla inquieta vi el contorno del Stetson, su inconfundible sombrero tejano cubriéndole medio rostro casi borrado, sandino?, Sandino, ¡SANDINO! y se me prendió el foco.

“Ay Chinita que sí, ay que dame tu amor, ay que vente conmigo Chinita, adonde vivo yo”. Usted me lo vende y yo le dejo una barda de losetas. Cortarlo fue laborioso, el espesor mostraba mezclas de cal, arena y cemento maltratadas como queriendo desmoronarse, devolver el polvo al polvo, borrarnos su imagen, nuestro receptáculo de memoria histórica. Sobre un marco de hierro con perlines de diez pulgadas lo encajamos consolidado a base de epóxicos y siliconas, el artefacto con todo y su estructura pesaba unas cinco toneladas.

Llegaron de Coyoacán, Tlalpan, Tacubaya, Xochimilco, Mixcoac a cantarle las mañanitas. “Si a tu ventana llega una paloma, trátala con cariño que es mi persona”.
La Emperatriz salió a la terraza del castillo envuelta en una bata de tul blanco que la luna iluminaba, Carlota estuvo reclinada en la baranda hasta que los rayos del sol naciente rozaron las copas de los ahuehuetes de Chapultepec.

Primera parada., La Ex Chanchera, el amplio salón para sesiones de los diputados somocistas en el actual Palacio de la Cultura. El arte es lo que yo quiero, un artista más censurado, aquí mando yo. Dos razones, dos poderes, testimoniá, política sí, partidarismo no, eso es arte?, el arte es lo que yo quiero, chinguen a su madre, fotografiá, testimoniá, fotografiá, testimoniá, el pasamontañas rojo reveló su condición guerrillera virtual, el miembro del ejército videasta imaginista comenzó a disparar.

En el Cerro de las Campanas una ráfaga barrió la humanidad del Emperador, Maximiliano cayó con su pelo y barba rubia ensangrentada regando el polvo de Querétaro, Claude Manet pintó el suceso en dos versiones, en la primera los contornos precisos recuerdan el tratamiento de “El Pífano”, en la segunda las pinceladas sueltas y veladuras múltiples son puro impresionismo, así el artista le mostró a Europa escandalizada el fusilamiento de uno de los Habsburgo. Carlota enloqueció.

Montamos El Muro en un IFA custodiado por dos ángeles mutilados, llegamos a El Salvador. Los ángeles excombatientes fueron legítimos productos sobrevivientes de una guerra fraticida como todas, los dos guías históricos atestiguarían, el uno cojo, el otro manco, el tiempo y sus avatares habrían de complementar su jodida asimetría, las historias que contaban de emboscadas, abandonos y traiciones. Comenzaron a peregrinar.

Hijo de Hermes y Afrodita, El Hermafrodita, el muchacho/muchacha semi dios/diosa, transportado en un carromato ruinoso, envuelto en cortinas podridas para que no lo maltratara la luz solar, sorbiendo desesperado con sus labios resecos pegados a una gasa empapada, rodeado de una multitud ansiosa por tocarlo esperando el milagro en los caminos pinchurrientos de la Basilicata, la imagen que en el Satiricón, Fellini nos legó para siempre.
Pasearlo al menos por Centroamérica, llevarlo en una romería más grande que la de Jesús del Rescate, que la del Santo Señor de Chalma, que la de la Lupita a la Colina del Tepeyac, somos ritualistas, procesionales, purisimeros, y qué, y qué y qué. No importan los costos, estoy endeudado hasta la madre pero hay que exhibirlo aunque no sea la mujer barbuda ni el ternero de dos cabezas.

Último acto., en la Plaza de la Libertad apiñé a una multitud conformada por todo el lumperío de San Salvador: drogos, maras, putas, cochones, huele pega, lisiados de guerra, guardias, carretoneros, lustradores. Cada uno con su papel y lápiz en la mano a la hora convenida lo comenzó a dibujar, primero contornearon el sombrero que le cubría medio rostro, la pañoleta rojinegra, después delinearon y sombrearon los ojos intranquilos, la nariz ancha y la boca pequeña, el cuello de la camisa y las solapas del saco. En la Plaza el silencio fue total, el performance era de ellos, así lo dispusieron y así lo hicieron revivir.

Managua 20 de Noviembre del 2,006.

David Ocón.