“El Muro” por David Ocón
“El Muroâ€
Para Ernesto Salmerón.
Benito Juárez recorrió los desiertos de Coahuila de frac, zapatos de charol y bombÃn, custodiando el cofre con los pliegos de la Constitución. Me fui al fondo a orinar contra el muro, cuando me sacudÃa la polla inquieta vi el contorno del Stetson, su inconfundible sombrero tejano cubriéndole medio rostro casi borrado, sandino?, Sandino, ¡SANDINO! y se me prendió el foco.
“Ay Chinita que sÃ, ay que dame tu amor, ay que vente conmigo Chinita, adonde vivo yoâ€. Usted me lo vende y yo le dejo una barda de losetas. Cortarlo fue laborioso, el espesor mostraba mezclas de cal, arena y cemento maltratadas como queriendo desmoronarse, devolver el polvo al polvo, borrarnos su imagen, nuestro receptáculo de memoria histórica. Sobre un marco de hierro con perlines de diez pulgadas lo encajamos consolidado a base de epóxicos y siliconas, el artefacto con todo y su estructura pesaba unas cinco toneladas.
Llegaron de Coyoacán, Tlalpan, Tacubaya, Xochimilco, Mixcoac a cantarle las mañanitas. “Si a tu ventana llega una paloma, trátala con cariño que es mi personaâ€.
La Emperatriz salió a la terraza del castillo envuelta en una bata de tul blanco que la luna iluminaba, Carlota estuvo reclinada en la baranda hasta que los rayos del sol naciente rozaron las copas de los ahuehuetes de Chapultepec.
Primera parada., La Ex Chanchera, el amplio salón para sesiones de los diputados somocistas en el actual Palacio de la Cultura. El arte es lo que yo quiero, un artista más censurado, aquà mando yo. Dos razones, dos poderes, testimoniá, polÃtica sÃ, partidarismo no, eso es arte?, el arte es lo que yo quiero, chinguen a su madre, fotografiá, testimoniá, fotografiá, testimoniá, el pasamontañas rojo reveló su condición guerrillera virtual, el miembro del ejército videasta imaginista comenzó a disparar.
En el Cerro de las Campanas una ráfaga barrió la humanidad del Emperador, Maximiliano cayó con su pelo y barba rubia ensangrentada regando el polvo de Querétaro, Claude Manet pintó el suceso en dos versiones, en la primera los contornos precisos recuerdan el tratamiento de “El PÃfanoâ€, en la segunda las pinceladas sueltas y veladuras múltiples son puro impresionismo, asà el artista le mostró a Europa escandalizada el fusilamiento de uno de los Habsburgo. Carlota enloqueció.
Montamos El Muro en un IFA custodiado por dos ángeles mutilados, llegamos a El Salvador. Los ángeles excombatientes fueron legÃtimos productos sobrevivientes de una guerra fraticida como todas, los dos guÃas históricos atestiguarÃan, el uno cojo, el otro manco, el tiempo y sus avatares habrÃan de complementar su jodida asimetrÃa, las historias que contaban de emboscadas, abandonos y traiciones. Comenzaron a peregrinar.
Hijo de Hermes y Afrodita, El Hermafrodita, el muchacho/muchacha semi dios/diosa, transportado en un carromato ruinoso, envuelto en cortinas podridas para que no lo maltratara la luz solar, sorbiendo desesperado con sus labios resecos pegados a una gasa empapada, rodeado de una multitud ansiosa por tocarlo esperando el milagro en los caminos pinchurrientos de la Basilicata, la imagen que en el Satiricón, Fellini nos legó para siempre.
Pasearlo al menos por Centroamérica, llevarlo en una romerÃa más grande que la de Jesús del Rescate, que la del Santo Señor de Chalma, que la de la Lupita a la Colina del Tepeyac, somos ritualistas, procesionales, purisimeros, y qué, y qué y qué. No importan los costos, estoy endeudado hasta la madre pero hay que exhibirlo aunque no sea la mujer barbuda ni el ternero de dos cabezas.
Último acto., en la Plaza de la Libertad apiñé a una multitud conformada por todo el lumperÃo de San Salvador: drogos, maras, putas, cochones, huele pega, lisiados de guerra, guardias, carretoneros, lustradores. Cada uno con su papel y lápiz en la mano a la hora convenida lo comenzó a dibujar, primero contornearon el sombrero que le cubrÃa medio rostro, la pañoleta rojinegra, después delinearon y sombrearon los ojos intranquilos, la nariz ancha y la boca pequeña, el cuello de la camisa y las solapas del saco. En la Plaza el silencio fue total, el performance era de ellos, asà lo dispusieron y asà lo hicieron revivir.
Managua 20 de Noviembre del 2,006.
David Ocón.