Santiago Olmo
QUERIDO ERNESTO SALMERON,
Estos últimos dÃas he ido siguiendo el debate sobre tu exposición en el Palacio Nacional de la Cultura de Managua, que ha concluido con su anticipada clausura, en cuyos motivos actúa una voluntad de censura que resukta a todas luces inaceptable.
A través de las fotos enviadas en link por Rodrigo Peñalba, he podido ver el carácter de la instalación y vislumbrar el sentido de un trabajo de gran calidad que se presenta como un proceso en marcha, como una intervención crÃtica en el espacio ciudadano que siempre es polÃtico. La participación activa de la gente, su colaboración y todas las incidencias en los diversos momentos del trabajo recogen las contradicciones de la historia reciente de Nicaragua y en ese sentido resulta muy alentador comprobar como ese trabajo está abriendo caminos nuevos en la práctica artÃstica nicaragüense. Te felicito por ello, y a la vista de sus actuales desarrollos y resultados, me siento muy satisfecho de haber podido contar con una selección de ese trabajo en la muestra TODO INCLUIDO que curé junto a Virginia Pérez hace dos años en Madrid y en San José.
Los derroteros por los que discurre la práctica artÃstica actualmente son precisamente los que estás explorando, incidiendo en el espacio social de tu paÃs, levantando acta y reflexión sobre la situación polÃtica y sobre el papel que pueden desarrollar las ideologÃas en una realidad post-ideológica.
Visto desde fuera de Nicaragua, creo que se trata de una iniciativa muy sólida y que propone una nueva manera de mirar a lo polÃtico y lo social más incisiva, lejos de los esquemas que caracterizaron a gran parte del arte polÃtico de los años setenta.
Por todo ello resulta sorprendente que una muestra asà sea clausurada. Si el Palacio Nacional no deseaba realizarla, solo tenÃa que haberla rechazado como proyecto de antemano, antes de ser encargada o aceptada.
He leÃdo con atención la carta abierta de Eunice Dedalus, y lamentablemente más que abrir un debate serio sobre las opciones para trabajar desde el arte en un ámbito social y polÃtico, conduce su argumentación a una rabieta personal que cierra y clausura toda discusión posible sin aportar ninguna idea.
En diversas ocasiones he participado en Nicaragua en discusiones o debates en los que se ha hablado de lo que es o no es un arte propio nicaragüense. La discusión en esos términos es realmente un sinsentido, pues es nicaragüense el arte que se hace en Nicaragua, no hay esencias nacionales en ningún paÃs: el arte habla del presente y de sus memorias, incide en el hoy de la gente y es para la gente.
En la cultura el poder es un mero gestor, no un juez y parte. El poder no es un patrimonio de los polÃticos y sus cargos, sino la delegación de una gestión de un bien público en el que caben todas las opciones y su función es la de articularlas para los ciudadanos.
Es muy grave ejercer la arbitrariedad en el ámbito público pues conduce al sectarismo y a prácticas autoritarias.
Evidentemente la dirección del Palacio conocÃa el sentido de la obra, y con su decisión de clausurar la exposición muestra simplemente su incapacidad manifiesta para dirigir un centro de esas caracterÃsticas.
El cargo de una dirección es temporal y vuela, la incidencia e importancia de una obra artÃstica permanece.
Con esta carta deseo manifestarte mi apoyo más incondicional en estos momentos.
Santiago Olmo
curador independiente / miembro del equipo de redacción de la revista
artecontexto, Madrid, España